BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE GIRARDOTA
La apertura de este espacio web obedece a las necesidades de ampliar los canales de difusión de la información sobre la programación de la Biblioteca Pública Municipal de Girardota. Pero, principalmente, responde a la urgencia de promover la lectura y el pensamiento libre recurriendo a las nuevas tecnologías.
viernes, 21 de octubre de 2011
EXPOSICIÓN DE PINTURA POR WILSÓN OBED CÓRDOBA
Con el ánimo de ser un espacio también para el arte y la cultura, abre la Biblioteca Pública Municipal Jacinto Benavente la exposición de la obra pictórica de Wilsón Obed Córdoba (Amalfi, 1975). Es él un hombre polifácetico y versátil, hijo adoptivo de Girardota hace ya 23 años. Ocho de sus cuadros se toman la Biblioteca, arriba y abajo.
Wilsón Obed es orfebre, artesano, albañil, operario de producción y, sobretodo, artista, pues, según confiesa, hacia el arte tiene una inclinación innata. Al darle acceso en su vida a los caminos creativos, a la libertad en últimas, Wilsón demuestra que no sólo el ámbito laboral determina las aspiraciones humanas. Ni mucho menos sus conquistas.
Obed encuentra en el universo de los colores una alternativa para plasmar la inmensidad del sentimiento, las complejidades síquicas del espíritu, lo que lo maravilla y lo hiere, lo que ama. Pintando accede aquellas regiones del cosmos, externas o internas. Allí donde, de acuerdo con su decir, la palabra no alcanza.
Con la gratitud a Wilsón Obed, artista empírico, la Biblioteca les da la bienvenida y los invita a ampliar el margen de la mirada a través del arte.
Buen provecho.
lunes, 26 de septiembre de 2011
DE J. L. BORGES.
BORGES Y YO
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| Jorge Luis Borges (1899-1986) es acaso uno de los escritor es más universales que el mundo ha dado. Su literatura no deja nada por fuera... |
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo xviii, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páinas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.
EL EPISODIO DEL ENEMIGO.
Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con el bastón que en sus viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dió unos pasos inciertos, soltó el bastón, que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero sólo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.
Me incliné sobre él para que me oyera.
-Uno cree que los años pasan para uno -le dije-, pero pasan tambièn para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.
Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.
Entonces me dijo con voz firme:
-Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Lo tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.
Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y sólo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:
-En verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es ese niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.
-Precisamente porque ya no soy aquel niño -me replicó- tengo que matarlo. No se trata de una venganza, sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.
-Puedo hacer una cosa -le contesté.
-¿Cuál? -me preguntó.
-Despertarme.
Y así lo hice.
Me incliné sobre él para que me oyera.
-Uno cree que los años pasan para uno -le dije-, pero pasan tambièn para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.
Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.
Entonces me dijo con voz firme:
-Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Lo tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.
Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y sólo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:
-En verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es ese niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.
-Precisamente porque ya no soy aquel niño -me replicó- tengo que matarlo. No se trata de una venganza, sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.
-Puedo hacer una cosa -le contesté.
-¿Cuál? -me preguntó.
-Despertarme.
Y así lo hice.
miércoles, 24 de agosto de 2011
CONCURSO DE CUENTO 2011.
LA BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL JACINTO BENAVENTE TIENE ABIERTAS LAS INSCRIPCIONES PARA PARTICIPAR EN LA CUARTA VERSIÓN DEL CONCURSO MUNICIPAL DE CUENTO. PLAZO HASTA EL 3 DE SEPTIEMBRE.
LOS CUENTOS DEBEN ENTREGARSE EN LA BIBLIOTECA MUNICIPAL EN DOS SOBRES. UNO LLEVARÁ EL ORIGINAL DEL CUENTO Y DOS COPIAS LEGAJADAS, NUMERADAS Y FIRMADAS CON SEUDÓNIMO. EL OTRO SOBRE LLEVARÁ LOS DATOS PERSONALES: TÍTULO DEL CUENTO, SEUDÓNIMO, NOMBRES Y APELLIDOS COMPLETOS, LUGAR DE RESIDENCIA Y DIRECCIÓN, TELÉFONOS, CORREO ELECTRÓNICO, FOTOCOPIA DEL DOCUMENTO DE IDENTIDAD, OCUPACIÓN, INSTITUCIÓN EDUCATIVA Y GRUPO AL QUE PERTENECE O EMPRESA DONDE LABORA.
AMBOS SOBRES DEBEN IR MARCADOS EN SU PARTE EXTERIOR CON EL SEUDÓNIMO Y LA CATEGORÍA A LA QUE PERTENECE (I, II ó III).
LOS CUENTOS DEBEN ENTREGARSE EN LA BIBLIOTECA MUNICIPAL EN DOS SOBRES. UNO LLEVARÁ EL ORIGINAL DEL CUENTO Y DOS COPIAS LEGAJADAS, NUMERADAS Y FIRMADAS CON SEUDÓNIMO. EL OTRO SOBRE LLEVARÁ LOS DATOS PERSONALES: TÍTULO DEL CUENTO, SEUDÓNIMO, NOMBRES Y APELLIDOS COMPLETOS, LUGAR DE RESIDENCIA Y DIRECCIÓN, TELÉFONOS, CORREO ELECTRÓNICO, FOTOCOPIA DEL DOCUMENTO DE IDENTIDAD, OCUPACIÓN, INSTITUCIÓN EDUCATIVA Y GRUPO AL QUE PERTENECE O EMPRESA DONDE LABORA.
AMBOS SOBRES DEBEN IR MARCADOS EN SU PARTE EXTERIOR CON EL SEUDÓNIMO Y LA CATEGORÍA A LA QUE PERTENECE (I, II ó III).
martes, 9 de agosto de 2011
DAMA.
Mirada hermosa, penetrante y reluciente
segura, seria y firme
¡Tierna como la luna!
Furiosa como la tierra.
Por Mateo Vargas. Integrante del Taller Literario.
martes, 12 de julio de 2011
TALLERES II: EL GAS
Soy el gas que sale detrás de tus piernas, ese que huele feo, que a veces no huele. Ese que suena como una sirena estrepitosa. Soy el que no suena y no huele, el que no suena pero intoxica el ambiente, el que sale en el peor momento, el que avisa que ahí viene el tren de mierda ese que daña los momentos de pasión y lujuria.
Soy el pedo del rey y del pobre, soy el pedo del loco que se ríe de mí y del que no me ve y sale buscándome. Soy el terrorista de las clases, soy el tumba aviones, la trompeta andante. Hay tantos nombres para mí: la metralleta tóxica, la bomba atómica, flatulencia, ventosidad, el huracán del mal olor, entre otras tantas formas de salir. Hay tantas sorpresas conmigo: salgo después de una comida condimentada, pero soy un simple gas, un simple olor un simple sonido que sale de tus glúteos y que suena hasta chistoso a veces. No sólo por ser el pedo del rey soy un gas noble o por ser el pedo de niño soy un gas infante. No le hago mal a nadie, antes soy un suspiro pero con mal aliento, suspiro que no sale por tu boca sino por tu parte posterior. En sí solo soy el estornudo de tu trasero… Por David Ríos.
martes, 5 de julio de 2011
TALLERES I: LA COTIDIANIDAD DE LA BESTIA
Ilustración y texto de Juan Pablo Cartagena, joven integrante del taller literario de la Biblioteca Municipal:
Pues ahí estaba yo, sentando con el corazón que latía rápidamente y sin aire en los pulmones. Entonces pensé: "hoy será el día, hoy le hablaré". Pero mientras ella se acercaba, por mi mente pasaron infinidad de pensamientos: "¿Me prestará atención? ¿Qué pensarán los demás? Y el más atemorizante fue: "¿Y si me dice que no?"
Ese miedo que tanto tengo al rechazo, ese mismo miedo que me impedía decirles a mis amigos que realmente los considero mis amigos y no simples conocidos; ese mismo miedo que me impedía decirle a mi familia que ya he probado la droga; ese miedo que tantas barreras me ha puesto. Así que me dije a mí mismo: "No me importa si me rechaza, mejor saber y haber fallado, que no saber ni haber intentado". Me levanté y apresuré el paso, y puse la mirada fija en ella. Cada vez se acercaba más y más, y cuando estuvo justo en frente todo mi coraje se fue al suelo y vi como se alejaba indiferentemente de mí.
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