Pues ahí estaba yo, sentando con el corazón que latía rápidamente y sin aire en los pulmones. Entonces pensé: "hoy será el día, hoy le hablaré". Pero mientras ella se acercaba, por mi mente pasaron infinidad de pensamientos: "¿Me prestará atención? ¿Qué pensarán los demás? Y el más atemorizante fue: "¿Y si me dice que no?"
Ese miedo que tanto tengo al rechazo, ese mismo miedo que me impedía decirles a mis amigos que realmente los considero mis amigos y no simples conocidos; ese mismo miedo que me impedía decirle a mi familia que ya he probado la droga; ese miedo que tantas barreras me ha puesto. Así que me dije a mí mismo: "No me importa si me rechaza, mejor saber y haber fallado, que no saber ni haber intentado". Me levanté y apresuré el paso, y puse la mirada fija en ella. Cada vez se acercaba más y más, y cuando estuvo justo en frente todo mi coraje se fue al suelo y vi como se alejaba indiferentemente de mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario